Anoche Barcelona tuvo un sueño. Soñó que se convertía en paraíso por un ratito, pero eso le bastaba. Su corazón de asfalto latía a medida que pasaban las horas. La espera no había sido larga, pero para Barcelona había sido eterna, porque una vez que se toca el cielo, la vida gira en torno a intentar tocarlo de nuevo.
Anoche Barcelona cantó, bailó, saltó, se volvió loca, se estremeció, sintió un escalofrio. Se dejó llevar, cerró los ojos y voló con las notas que flotaban en el aire y se escapaban por las rendijas, corriendo como un huracán e impregnando cada rincón, esas nota que más tarde serían vistas deambulando por las calles, imparables, llevando un poquito de paraiso a todos.
Anoche Barcelona derramó una lágrima de emoción, cuando el genio se sentó al piano y bajó el cielo al paraíso, cuando se quedaron solos los dos, y en silencio una escuchaba y el otro acariciaba las teclas, robándoles el sentimiento y regalándoselo a ella.
Anoche Barcelona suspiró de nostalgia, recordando paraísos anteriores, momentos inolvidables, que se guardan en el alma bajo llave como un pequeño tesoro, y supo que ese instante se convertiría en recuerdo, porque eso se sabe, eso se siente.
Anoche Barcelona lloró de alegría, sintió esa sensación indescriptible, extraña, en la que uno no sabe si reir o llorar, en un momento que no quiso que acabara, quiso parar el tiempo para permaneceer allí por siempre.
Anoche Barcelona lloró de pena, porque el paraíso se le escapaba, pero se agarró a su esencia, para aguantar la larga espera hasta que llegue de nuevo, convertido en sol, luna, nube o mar.
Anoche Barcelona guardó un poquito de paraíso, para ponerlo debajo de su almohada y soñar con el cada noche.
Anoche Barcelona fue Estopa, Malú, Orozco, Lya, Sara... Málaga, Madrid, Brasil... el mundo, el universo.
Anoche Barcelona no vivió un concierto, sino un desconcierto, sus sentimientos afloraban entremezcaldos, la nostalgia, la esperanza, la emoción, la serenidad